El 18 de marzo de 1938, el presidente Lázaro Cárdenas decretó la expropiación petrolera y convirtió a México en uno de los primeros países en declarar la soberanía nacional sobre sus recursos naturales. El gesto fue grandioso — las mujeres donaron sus joyas, los niños sus alcancías para pagar la deuda de la expropiación — y la narrativa que se construyó alrededor de ese momento es una de las más potentes del imaginario nacional mexicano. Lo que los documentales independientes han investigado es lo que pasó después.
La expropiación como mito fundacional
La expropiación petrolera de 1938 cumplió funciones políticas muy específicas para el régimen del PRI: demostró que el Estado mexicano podía actuar con soberanía frente al capital extranjero, creó un símbolo patriótico movilizador y estableció a PEMEX como empresa del Estado al servicio de la nación.
Este mito fundacional tuvo consecuencias prácticas: cuestionó a PEMEX o a su gestión equivalía, en el discurso oficial, a cuestionar la soberanía nacional. Este blindaje ideológico protegió durante décadas a la empresa de la accountability que cualquier institución pública requiere.
La corrupción sistémica
Los documentales que han investigado a PEMEX sin ese blindaje ideológico han encontrado lo que era de esperarse en una empresa protegida durante décadas de la competencia y la transparencia: corrupción sistémica a todos los niveles, desde el robo de combustible (el huachicoleo) hasta los contratos inflados, los sindicatos que se enriquecían a costa de la empresa y los funcionarios que tomaban comisiones en cada licitación.
La documentación de esta corrupción no es fácil: PEMEX es una empresa del Estado con acceso a recursos suficientes para litigar agresivamente contra quienes la investigan. Los periodistas y documentalistas que han profundizado en el tema han pagado un precio — en amenazas, en procesos legales, en exclusión de fuentes — que explica la escasez de producción documental rigurosa sobre este tema.
El futuro energético y la narrativa documental
Los documentales más recientes sobre PEMEX enfrentan un nuevo desafío: la empresa opera hoy en el contexto de la transición energética global, con sus reservas en declive y sus costos de producción elevados. La decisión política de seguir apostando al petróleo como base del presupuesto federal, en lugar de diversificar la matriz energética, tiene consecuencias que trascienden el debate sobre la soberanía.
Los documentalistas que han abordado esta dimensión están haciendo periodismo del futuro: documentando decisiones cuyas consecuencias México enfrentará en las próximas décadas.
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